• Jesid A. Díaz

¿Simplicidad Divina como Monoteísmo Intransigente? Bueno, tal vez no

La Simplicidad Divina es una doctrina anclada en el pensamiento cristiano desde hace siglos. Curiosamente, no ha sido muy bien recibida por el ala de filosofía analítica de la religión desde hace varias décadas. Esta doctrina, casi descabelladamente complicada para el laico no teológicamente alfabetizado, parece ser la piedra de división entre varios filósofos de la religión.


La Simplicidad Divina (ahora en adelante, SD) parece estar comprometida con cuatro tesis fundamentales:


(i) Dios no es distinto de su naturaleza.

(ii) Las propiedades de Dios no son distintas entre sí.

(iii) La naturaleza de Dios no es distinta de su existencia.

(iv) Dios no tiene propiedades distintas de su naturaleza.


Ahora, algunos han pensado que SD implica algún tipo de colapso modal (las categorías de posibilidad son barridas, y todo termina por ser necesario) debido a la identificación esencia/existencia en Dios. Pero dejando de lado esa controversia, aún se discuten la plausibilidad de otras tesis. Por ejemplo, considere (ii). Uno puede imaginar, por ejemplo, que la existencia no es idéntica a la omnipotencia porque simplemente muchas cosas pueden poseer existencia pero no omnipotencia. Se puede poseer una y no otra. Se podría responder, claro, que estas propiedades solo difieren en nuestra concepción, como manifestaciones de una sola propiedad Divina. Pero esto parece patentemente inadecuado debido, simplemente, a que tanto la omnipotencia como la existencia son evidentemente distintas. ¡Pero este no es el lugar para profundizar en esto! Si gusta ver una crítica más desarrollada, puede ver a Christopher Hughes en On a Complex Theory of A Simple God: an Investigation in Aquinas' Philosophical Theology (Cornell University Press, 1989).


Lo que aquí pretendo hacer, es ofrecer mis pensamientos sobre un argumento particular que el eminente filósofo de Baylor, Alexander Pruss, ha ofrecido para SD. En su blog ha ofrecido una forma de entender la Simplicidad Divina como una especie de "Monoteísmo Intransigente". Su argumento lo formula como sigue:


  1. Si adoramos a x a causa de y, entonces estamos adorando a y (no dice que realmente no adoramos x). Así:


2. Si Dios no es simple, nuestra adoración a Dios a causa de su misericordia (digamos) es la adoración de un componente de Dios que no es Dios.


Pero adorar a alguien que no sea Dios es idolatría en un monoteísmo intransigente. Así:


3. La adoración de algo que no sea Dios está mal si el monoteísmo intransigente es verdadero.


Sin embargo:


4. No está mal adorar a Dios por su misericordia.


Al unir (1) - (4), concluye que Dios es simple.


¿Qué podemos decir sobre este argumento? Mi primera impresión fue que la premisa crucial (que entiendo es la premisa 1) no parecía muy convincente. Uno podría pensar que, de hecho, es patentemente falsa considerando que x puede ser adorada por y sin que y también sea adorada, especialmente si negamos (como me inclino a hacer) que las propiedades existen en un sentido metafísico y ontológicamente comprometido. De hecho, nuestra experiencia cotidiana parece ratificar el punto. Cuando elogiamos a alguien por ser amable, no estamos elogiando a la propiedad de ser amable en lugar de a la persona. ¡Eso complicaría mucho nuestro lenguaje ordinario!


Pero un mejor análisis puede ser sugerido. Me parece que la razón exacta por la que Dios es digno de adoración es porque Dios es el ser más grande posible. ¿Qué significa ser el ser más grande posible? Ser el más grande es esencialmente tener todas las great-making properties. Así que considere el replanteamiento de la premisa 1:


(1') Si adoramos a Dios por la esencia de Dios, entonces estamos adorando la esencia de Dios. Justo ahí, esa premisa parece extraña. No adoramos una esencia. Adoramos una cosa con una esencia particular. Creo que todo lo que existe tiene una esencia. Y no parece haber nada inapropiado en adorar a un ser con la mayor esencia. Ahora replantee (2): (2') Si Dios no es simple, nuestra adoración a Dios por su esencia es la adoración de un componente de Dios que no es Dios.


Dos puntos a mencionar. Primero, uno se podría quejar que la premisa asume algunas suposiciones mereológicas que no estamos obligados a aceptar. Segundo, la esencia de un Dios no simple no cuenta obviamente como partes. Las partes pueden separarse. Una esencia no puede ser separada, por lo que no puede ser considerada una parte. Según entiendo las cosas, un objeto no puede existir sin su esencia. Y una esencia no puede existir sin ser instanciada por el objeto. En el caso de un ser necesariamente existente como Dios, es metafísicamente imposible que Dios exista sin su esencia, e imposible que la esencia de Dios exista sin Él. Nada aquí que cuente como una parte que haga a Dios digno de adoración. Así que toda esta queja contra un Dios no simple parece ser insatisfactorio. (2') debe ser rechazada por colarse en dudosas suposiciones metafísicas que no necesitamos aceptar.

Luego de esto, no parece haber mayores problemas con (3) y (4). Si reformulamos (4), sería como como


(4´) No está mal adorar a Dios por Su esencia. Y eso parece correcto. No adoramos la esencia de Dios, pero podemos decir que lo adoramos por ser quien es, lo que sería muy similar a decir que le adoramos por instanciar las great-making properties. Así dicho, este argumento de Pruss no me resulta persuasivo.


Antes de llegar al argumento anterior, Pruss menciona cuatro razones para SD. En primer lugar, dice que si Dios tuviese partes, estas serían Divinas de alguna manera importante. Segundo, afirma que Dios para ser más grande debe exceder a todas las demás cosas en "infinitos órdenes de magnitud" (lo que sea que esto signifique), y luego pregunta si un ser compuesto de partes puede exceder la colección de sus partes en "infinitos órdenes de magnitud". Tercero, señala que un ser que está hecho de partes tiene algunos poderes debido a las partes. Entonces, si Dios estuviera hecho de partes, tendría algunos poderes debido a algo más que a sí mismo. El cuarto punto parece ser el que abordé al anterioremente.


Ahora, en mi opinión, ninguno de estos argumentos es especialmente fuerte si es que rechazamos (como hago) la noción de que las propiedades existen en un sentido externo (aquí sigo la distinción de Carnap entre las preguntas formuladas en un marco lingüístico dado, y las preguntas desde una perspectiva externa ventajosa). Simplemente, no estamos metafísicamente comprometidos con la afirmación de las propiedades de Dios existen ontológicamente (aunque podemos afirmar que Dios posee, por ejemplo, la bondad en un marco lingüístico dado). Entonces, creo, no estaríamos racionalmente obligados a aceptar SD por estas razones ofrecidas por Pruss.



Con esperanza,

J.



[+] Agradezco profundamente a William Hasker y a R. T. Mullins por sus amables comentarios y observaciones sobre esto.


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