• Jesid A. Díaz

La Encarnación: Un Misterio de Adoración

Nota: Este artículo fue publicado por primera vez en Ex Nihilo el 24 de diciembre de 2019, en el contexto de una reflexión y devocional filosófico sobre la Encarncación.


En el corazón de la fe cristiana histórica se encuentra un reclamo casi inadvertidamente peculiar. Entre varios otros artículos de fe históricos, habita un misterio que linda en lo paradójico (¿contradictorio?), a saber, la Encarnación de la Segunda Persona de la Trinidad.


Jesús de Nazaret es un personaje histórico. Pero de hecho, parece realmente extraño como un judío conocedor de la Ley podría tener una auto-percepción tal y como Jesús la tenía de Sí mismo. En efecto, Él afirmó ser Dios mismo, el antecesor de todos los tiempos, y el originador de todo lo que existe aparte de Sí. Pero en sí mismo ¿qué tiene eso de extraordinario? Podría suponerse fácilmente que muchas personas, tanto en el pasado como en el presente, han hecho reclamos más o menos de la misma naturaleza. Así que uno podría repensar qué es lo que hace a Jesús tan particular y atractivo.


Una posible respuesta podría ser que Jesús no solo afirmó ser Dios, sino que lo demostró. Y esa sugerencia no es, a priori, desechable. Si Dios existe y ama al mundo tal como el teísmo cristiano clásico ha reconocido, entonces la Encarnación no sería un fenómeno extravagante, o extraño. ¡Lentamente entramos en aguas profundas! La Encarnación nos abre la ventana hacia la Divinidad. Es Dios mismo entrando a un universo en caos moral y espiritual debido al pecado y la rebelión, para invitar a Sus amadas criaturas a una relación auténtica, personal y dulce con Él.

En lo que sigue, el presente (y breve) artículo se dividirá en dos secciones: (i) Sustento bíblico de la doctrina, (ii) explicación de un modelo de Encarnacional que se acepta tentativamente.



  1. LA ENCARNACIÓN: ¿QUÉ DICE LA BIBLIA?

La afirmación de que Dios mismo se haya hecho hombre es sorprendente. Al considerarse con detenimiento, puede dejar a muchos perplejos, o admirados. Sin embargo, para el creyente cristiano, no solo puede generar los anteriores estados emocionales sino una sensación más fuerte aún: Consuelo.

La Biblia dice que no tenemos un Sumo Sacerdote que “no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15). Aquí hay algunos puntos a tener en cuenta. Primero, se identifica a Jesús como nuestro Sumo Sacerdote [1]. Segundo, se le atribuye el ser tentado, tal y como nosotros. Tercero, nunca pecó. El cómo se da cuenta a la coherencia interna de las proposiciones de este versículo ha mantenido en vigilia a los filósofos y teólogos a lo largo de los siglos. ¿Cómo puede Jesús, siendo Dios mismo y por tanto impecable, ser tentado “según nuestra semejanza”? ¿Acaso Jesús fue tentado de alguna manera diferente a nosotros? Si es así, ¿entonces cómo podríamos dar cuenta de su identificación con la raza humana? Esto se encrudece más si, tal y como entendemos a Pablo, creemos que Jesús es nuestro Segundo Adán (Ro. 5:14; 1 Cor. 15:22-23). Adán tuvo la posibilidad de pecar dado su libre albedrío, así que si Jesús es nuestro Segundo Adán ¿cómo podría simplemente no pecar?

Estas preocupaciones son genuinas. Pero es mi opinión que no encapsulan toda la visión que podemos estructurar de Jesucristo. Antes de analizar algunos relatos filosóficos para dar cuenta de estas preguntas y otras más, veamos si Jesús es tanto Dios como Hombre según los escritores bíblicos.


  • Jesús es Dios.

En otros lugares he defendido en relativa extensión la Deidad de Jesús [2]. Aquí esbozaré brevemente el caso del Nuevo Testamento para la Deidad de Jesús.

Juan 1:1

Aunque controvertido, el pasaje enseña que Jesús es Dios. Primero, se le está atribuyendo al “Verbo” un estado de pre-existencia probablemente más extensiva, incluso, que la expresión “en el Principio” de Génesis 1:1 [3]. Segundo, es probable que el verbo “era”, en su forma imperfecta, tuviera el propósito de puntualizar una existencia continua para el sujeto que en este caso es claramente Jesús [4]. Tercero, la expresión “el Verbo era Dios” [5] al tomarla en referencia a los manuscritos coptos del dialecto sahídico, entonces es fácil hacer la relación entre las expresiones de, por ejemplo, 1 Tesalonicenses 2:4 y Juan 1:1. En referencia a esto, Wright y Richuitti concluyen que “Los coptos entendieron que Juan decía que "la Palabra" [el Verbo, RV60] tiene las mismas cualidades que "el Dios de la Biblia"” [6]. Estos puntos asoman la racionalidad de ver a Jesús como Dios en Juan 1:1.

Juan 8:58

La primera observación sobre este pasaje es contextual. En versos anteriores el tema giraba en torno al orgullo judío: Ser hijos de Abraham. En 8:41-42 se nota como lentamente el intercambio es dirigido a su clímax en 8:58, aunque durante el proceso haya varios malentendidos por parte de la audiencia de las palabras de Jesús. Sin embargo, en 8:58, el Señor llega al corazón de la presente disputa y en respuesta a los judíos que preguntaron cómo podía ser Él “antes que Abraham”, Cristo respondió: “Yo Soy” (ἐγὼ εἰμί). Es obvio que esta es una declaración explícita de Deidad. Por ejemplo, esta es claramente una referencia a Éxodo 3:14. Segundo, la audiencia entendió lo que quiso decir y luego intentaron apedrearle por blasfemia (el “hacerse igual a Dios”). Tercero, la expresión Yo Soy tenía el trasfondo de Deidad tanto en el Antiguo Testamento como en la literatura judía tardía [7].

Juan 20:28

La expresión “Dios mío y Señor mío” es intrínsecamente una referencia a Dios. La asociación de estos títulos, a saber, κύριός y θεός, es una alusión directa a Dios en el Antiguo Testamento (2 Sam 7,28; 1 Re 18,39; Jer 38, 17; Zac 13,9) [8]. Además, es probable que la mejor manera de entender esta frase (“Señor mío y Dios mío”) es lo que en griego se conoce como nominativo vocativo [9]. Esto se refuerza contextualmente por lo que Jesús dice en 20:29 (“Porque me has visto… Creíste”). Es probable que este verso nos remonte a Juan 1:1, 14. Por supuesto, la forma más natural de entender esto sería bajo la comprensión de Cristo como el Señor y el Dios de los Apóstoles.

Si bien este resumen de tres pasajes seleccionados parece iluminador, la Deidad de Jesús está firmemente establecida en pasajes como Lucas 22:69; Lucas 22:70; Juan 10:30; Juan 10:37; Juan 12:45; Mateo 16:16; Romanos 1:4; 1 Timoteo 3:16; Apocalipsis 19:16; Hebreos 1:8; Tito 2:13; Romanos 9:5; Colosenses 2:9; Juan 10:33; 2 Pedro 1:1; Isaías 9:6; Juan 14:9-11; Filipenses 2:4-7; Apocalipsis 1:8; etc. Por supuesto, esta es una lista para nada exhaustiva.


  • Jesús es Hombre.

Más allá de toda duda razonable Jesús fue un hombre. Como hombre, Él nació (Lucas 2:7-11). Experimentó limitaciones físicas y mentales (Lc. 2:52; Mt 4: 2; 13:32), fue tentado (Mt 4: 1-11), aumentó en la perfección moral a través del sufrimiento (Heb 5: 7-10), y fue torturado y ejecutado (Mc 15:15). Juan 4:6 es uno de los pasajes más ilustrativos de la humanidad de Jesús, dando a entender la fatiga y el cansancio de su cuerpo físico, además de sed y hambre al pedirle a la mujer.

También puede acercarse a Marcos 4:38, donde encontramos a Jesús durmiendo durante una tormenta. Esto probablemente sea debido a la fatiga y cansancio que resultaba de su ministerio terrenal. Además de esto, las múltiples referencias al Jesús Histórico prueban que tal persona como Jesús de Nazaret caminó entre los mortales.

Ahora bien, ¿cómo podemos entender esto? Hablamos de que hay una persona, Jesús, que es tanto hombre como Dios (¡O al menos eso reclama ser!). Hay otra sección de datos bíblicos que debemos revisar antes de proceder.


  • La Biblia Sobre La Encarnación.

Quizá Juan 10:30-39 represente bien el problema que tenemos entre manos. En contexto, Jesús está ahí, frente a ellos. Un ser humano que camina, habla e interactúa. Sin embargo, esta misma Persona reclama ser igual a Dios (v. 30-31). ¡Como es natural, los judíos reaccionaron mal! Añadido, Jesús les replica: “¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? [Salmos 82.6]. Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la Palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada), ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?” (Jn. 10:34-36). El significado de esta respuesta parece ser fenomenal. ¡Aquí se echa por tierra cualquier sugerencia de que los judíos malinterpretaron a Jesús! Se reitera claramente lo que quiso dar a entender en un primer momento: Él es igual a Dios [10].


Pero hay otro texto cuya envergadura encarnacional es indisputable. Por supuesto, el texto que viene a la mente es Filipenses 2:1-11. Como bien señala Buswell, en la carta de Pablo a Filipos hay cuatro puntos principales que el Apóstol les transmite sobre la Encarnación: (i) la doctrina de la Encarnación es una muestra del amor y la gracia de Cristo, (ii) fue emprendida desde la eternidad, (iii) incluía una profunda humillación y (iv) la Encarnación es el fundamento de la exaltación de Cristo [11].

Considere Filipenses 2:1-5, «Si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo, no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús». Tras estas letras se esconde un brillo precioso. Nos invita a vivir “teniendo el mismo amor” y “el mismo sentir” que hubo en Cristo. Esto deja ver cómo la Encarnación de nuestro Señor no es una mera articulación teológica, ni conciliar, ni un artefacto puramente filosófico que necesita ser relatado coherentemente. Si bien implica todo esto, la Encarnación es una doctrina esencialmente práctica. El que Jesús se haya encarnado, humillándose a Sí mismo, es un llamado a la acción de Sus seguidores a vivir como Él vivió, caminar siguiendo Sus pasos, anhelando vivir por el cual ni siquiera somos dignos de desatar el calzado de Sus pies (Juan 1:27). Somos llamados a imitarlo mediante la mortificación del pecado que nos asecha, tomando nuestra cruz y siguiéndole (Mateo 16:24; Marcos 8:34; Lucas 9:23).


Hasta el momento hemos revisado muy brevemente las descripciones bíblicas de Jesús. La Biblia enseña que Jesús es Dios, y Hombre. Enseña, a la luz de Filipenses 2:1-11 que Dios tomó “la forma” de hombre [12]. Bueno, ¿ahora qué?



2. LA ENCARNACIÓN: ¿ES POSIBLE?

Imagine que está en una cena familiar en Navidad. Está reunido con su familia, conversando amenamente y compartiendo sus alimentos. Las conversaciones siguen rumbos triviales, sin mayores implicaciones. Sin embargo, mientras sucede la transición de un tema de conversación a otro, un familiar bastante querido para usted suelta una pregunta incómoda: “¿Cómo es que Dios pudo hacerse hombre?”. Por un momento, el cuestionamiento queda suspendido en el aire, sin una aparente respuesta inmediata. Por supuesto, su pregunta no está fuera de lugar. Están en Navidad, supuestamente celebrando el nacimiento del Dios-hombre en un pesebre. Probablemente no haya otra fecha mejor para este tipo de preguntas.


¿Qué podría responder un cristiano? La naturaleza de estas preguntas pertenece al campo de la Filosofía de la Religión que explora la Coherencia del Teísmo [13]. Como es natural en este tipo de cuestionamientos, su densidad resulta desorientadora. Imagínese en esa situación. ¿Qué haría?

Afortunadamente, hay varios modelos que se han diseñado para dar cuenta de la Encarnación. Por cuestiones de espacio no serán discutidas las diversas teorías ofrecidas, sino solo se tomará una para un muy breve desarrollo.

  • Un Modelo de Encarnación Anselmiano.

La Cristología de Calcedonia es la enseñanza que nos dejó el Concilio de Calcedonia (451) sobre Jesucristo. En suma, el Concilio enseñó que Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre; sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación [14]. Esto deja la fuerte impresión de una verdadera unidad en Cristo, pero también de que sus dos naturalezas no deben ser mezcladas. Así, lo que el cristiano debe hacer es ofrecer un relato que de cuenta de cómo puede una sola persona poseer dos naturalezas y preservar su individualidad.

En Cur Deus Homo?, Anselmo de Canterbury se propone defender la Doctrina de la Encarnación de los embates de los judíos y musulmanes que sugerían que dicha creencia cristiana denigraba a Dios. El primer (y principal) curso de acción de Anselmo será mostrar que la Encarnación tenía que suceder [15]. Como señala Rogers, ellos tenían en común tres suposiciones: (i) existía un Dios tal que fuera un Ser Perfecto, (ii) el Dios del Teísmo Clásico hará lo mejor con el supuesto de que hay algo mejor para hacer, (iii) y Dios hizo al hombre para la felicidad [16].

Pero aquí llegaba un punto de divergencia. Anselmo sugiere que en nuestro estado actual de pecado, jamás podríamos ser felices. Así que para ser felices tendríamos que ofrecer algún tipo de restitución a Dios. El problema ahora es que la deuda es tan grande que nunca podríamos pagarla, por lo que es necesaria la intervención de Alguien que sí podría. Para efectos prácticos, el único que podía hacer el pago era Dios mismo, pero la deuda era de los humanos. Por tanto, se necesitaba un Dios-hombre [17].


  • Una Analogía.

Si bien Anselmo había esbozado el contorno de la necesidad de la Encarnación, aún quedaban asuntos de irrevocable importancia. ¿Cómo puede un individuo ser en Sí mismo Dios y Hombre, omnipotente y débil, glorioso y humillado, mortal e inmortal? Una respuesta es lo que se conoce como el movimiento qua. Básicamente,el movimiento qua consiste en que podemos atribuirle propiedades a Jesús en Su naturaleza humanas que no podemos atribuirle en Su naturaleza Divina, e incluso podemos atribuirle propiedades contrarias (como la mortalidad y la inmortalidad) [18].


Para explicar esto, Rogers desarrolla una analogía de videojuegos [19]. Imagine que hay un niño de quince años, Nick, que es fanático de los videojuegos. Este Nick (“Nick Jugador”) pre-existe en el tiempo, anterior a su avatar en el videojuego, al que se llamará “Nick Virtual”. Para efectos prácticos, la experiencia de juego es tan ensimismada que es lo más cercano a una experiencia en primera persona, manteniendo la unidad entre Nick Jugador y Nick Virtual [20]. El lenguaje ordinario está a favor de la unidad (de algún tipo) entre Nick Jugador y Nick Virtual. Para ilustrar, considere que la madre de Nick llega a su casa y ve a Nick jugando con la consola de videojuegos en la sala, y le pregunta “¿dónde estás?”. Claramente no se refiere a la ubicación de Nick, sino de Nick Virtual, ya que es obvio que su hijo está en la sala. Además, si le dice a Nick “te mataron” claramente está diciendo que el avatar de juego, Nick Virtual, murió en la partida. No dice algo directamente sobre Nick, aunque es permisible en el lenguaje ordinario.

Una virtud obvia del modelo es que reconoce la distinción entre Dios y Su creación al entender que Dios y las criaturas están en distintos rangos del Ser. Eso se evidencia en que Nick tiene una existencia trascendente a Nick Virtual, donde en el “mundo real” mantiene relaciones con otras personas, mientras que Nick Virtual se mantiene en la existencia solo en el juego de Nick.


¿Cómo ayuda este modelo al movimiento qua? En sí, uno puede atribuirle propiedades a Nick que no se atribuyen a Nick Virtual, mientras que también podemos atribuir propiedades a Nick Virtual que no tenga Nick. Por ejemplo, suponga que Nick Virtual está ambientado en el pasado, donde no había aún acceso a internet. Es claro que Nick Virtual, entonces, tendría acceso bastante restringido al conocimiento. Por otro lado, Nick Jugador sí tiene acceso a la fuente de conocimiento de internet. Análogamente, se podría atribuir la Omnisciencia a Jesús en Su naturaleza Divina, por ejemplo, mientras también se le atribuye conocimiento limitado en su naturaleza humana. Si bien tomé la Omnisciencia como ejemplo, el punto de cómo la analogía del videojuego ayuda al movimiento qua debería ser evidente [21].


  • Algunos Problemas.

Es probable que el lector teológicamente alfabetizado se esté removiendo incómodo al leer la descripción de esta analogía. Las analogías solo funcionan en transcurso de observar las similitudes y diferencias. Así dicho, es obvio que esta analogía es radicalmente incompleta a la Encarnación. De hecho, al menos tres puntos de disanalogía vienen a la mente: (i) Nick no es el creador del mundo virtual de Nick Virtual tal y como entendemos que Cristo es el creador y sustentador del mundo. (ii) En esta analogía, es presumible que Nick Virtual no tenga un intelecto diferenciado de Nick Jugador, algo que no hace justicia a las declaraciones conciliares de las dos voluntades en Cristo. Si al lector le pregunta cómo esta dualidad de voluntades no afecta la unidad en Cristo, entonces he de mencionar que tanto la voluntad de Jesús en su naturaleza humana como Su voluntad en la naturaleza Divina son la voluntad de Cristo. Lo son en virtud de ser “partes” de Cristo. (iii) Una tercera disanalogía sería el problema de unión de la naturaleza humana de Jesús con su naturaleza Divina. Si bien la analogía permite la unidad, no parece dar una cuenta muy exacta o informativa de la misma. En la analogía, Nick Virtual está simplemente siendo controlado por Nick Jugador, algo fuertemente alejado de la cristología de calcedonia, donde Cristo se hace realmente presente en la esfera humana, no solo como un “jugador” en la lejanía de la diferencia de estratos del Ser.

Estas disanalogías ciertamente son preocupantes. Sin embargo, parece prudente recordar que las analogías no tienen un propósito inherentemente exhaustivo sino ilustrativo. La analogía parece ser útil para mostrar cómo la Encarnación no es prima facie incoherente, pero tampoco ayuda mucho para comprender la mecánica interna de la Encarnación. ¡Pero eso está bien! Al final de cuentas, el cómo el Verbo se hizo carne parece un misterio tan inescrutable como las estrellas distan de nuestras manos.

Como cristianos podemos confiar en que nuestro Señor se hizo hombre, caminó entre nosotros y murió (y resucitó). Esa es la bendición de la Navidad. Dios, Creador y Sustentador, se hizo un bebé frágil y humillado, en atmósfera opresiva del pecado humano (sin ser Él pecador, por el contrario, siempre Santo).


¡Gloria a Dios por Su Cristo!




NOTAS:

[1] Esta terminología tiene un trasfondo fuertemente judío. En el Antiguo Testamento, el Sumo Sacerdote tenía un papel crucial en el proceso de expiación del pueblo de Israel. Ahora Jesús es nuestro Mediador e Intercesor ante el Padre, el Siervo Sufriente de Isaías cuya sangre nos proporciona el perdón de pecados “una vez y para siempre” (Hebreos 10:12).


[2] Si está más interesado en este punto, puede ver (i) https://tantumchristianus.wixsite.com/website/post/y-habit%C3%B3-entre-nosotros-los-tres-pilares, (ii) https://tantumchristianus.wixsite.com/website/post/y-habit%C3%B3-entre-nosotros-parte-2 y (iii) https://tantumchristianus.wixsite.com/website/post/y-habit%C3%B3-entre-nosotros-los-tres-pilares-tercera-parte. Para una argumentación académica, revise Oscar, C. (1998). Cristología del Nuevo Testamento. España: X. Pikaza y Harris, M. (1992). Jesus As God: The New Testament Use of Theos in Reference to Jesus. Lo que haré en esta sección, es un resumen de lo que ya he defendido en los artículos antes mencionados.


[3] Frederick W. Danker, Walter Bauer, William F. Arndt, and F. Wilbur Gingrich., “ἀρχη” (archē) en Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature (BDAG), 3rd. Ed. (Chicago: University of Chicago Press, 2000), 138–9. Este entendimiento de Ἐν no compite necesariamente son su uso atemporal.


[4] John 1:1 Commentary - Robertson's Word Pictures of the New Testament.


[5] καὶ τὸν Λόγος ἦν Θεὸς, kai theos en ho logos.


[6] Wright, B., & Ricchuiti, T. (2011). FROM 'GOD' (ΘΕΟΣ) TO 'GOD' (ⲛⲟⲩⲧⲉ): A NEW DISCUSSION AND PROPOSAL REGARDING JOHN 1:1C AND THE SAHIDIC COPTIC VERSION OF THE NEW TESTAMENT. The Journal of Theological Studies, 62(2), new series, 494-512. Rescatado de http://www.jstor.org/stable/24638056. Esto es, entre otras cosas, porque los coptos tenían una visión cualitativa y descriptiva del lenguaje.


[7] Sobre esto, Morris cita a Brown en The Gospel according to St. John, [I-XII), p. 537.


[8] Oscar, C. (1998). Cristología del Nuevo Testamento. España: X. Pikaza, p.393.


[9] Si bien no podría una discusión más detallada, el texto puede leerse también como un predicativo nominativo, lo que significaría que la expresión sería más una exclamación que una confesión. Pero aunque esto sea así, aún el hecho de que Tomás exclama a Jesús como Dios y Señor sigue siendo suficiente para preservar la Deidad de Cristo en este pasaje.


[10] En Buswell, J. (2003). Cristo: Su Persona y Obra. 4th ed. p.22., Buswell sugiere que una idea derivada de este pasaje era que para Jesús el hecho de que Dios llegase a ser hombre no era paradójico ni contradictorio. Discrepo respetuosamente. De este pasaje no parece derivar una idea tal como que la Encarnación no es al menos paradójica. Jesús no pretendía explicar la naturaleza de cómo Dios se haría hombre, sino el simple anunciamiento de que Él lo es. Si bien es cierto que a la luz del Imago Dei hay un hecho relacional de Dios, esto solo demuestra la coherencia interna de la teología bíblica y que, siendo optimistas, un cristiano puede dar cuenta de por qué la Encarnación es posible. ¡Pero ciertamente no se sigue que quiso expresar que no fuera paradójica!


[11] En Buswell, J. (2003). Cristo: Su Persona y Obra. 4th ed. p.23.


[12] Lamentablemente, el espacio no permite una discusión detallada del sentido de la expresión “en forma de Dios” (en morfe theou, ἐν μορφῇ Θεοῦ). En resumen, la idea defendida por J. B. Lightfoot sobre morfe (forma) como aplicado a los atributos de Divinidad (la esencia compartida de las Personas de la Trinidad) parece altamente plausible. Para su visión, revise J. B. Lightfoot, Sts. Paul's Epistle lo the Philippians, p. 132. De ser así, tenemos otro fuerte argumento bíblico para la Deidad de Jesús.


[13] La Coherencia del Teísmo es un campo de estudio en la Filosofía de la Religión sumamente fértil. Se encarga de dar cuenta de la coherencia interna del teísmo cristiano sobre sus doctrinas, por ejemplo, la Expiación, Trinidad, Encarnación, Omnisciencia, Omnipotencia y la Aseidad Divina.


[14] Los cuatro adjetivos usados fueron: asynchytos , atrēptos , adiairētos , achoristos.


[15] Rogers, K. (2010). The Cambridge Companion to Christian Philosophical Theology. Cambridge University Press: Charles Taliaferro y Chad Meister, p.99.


[16] Ibíd., p. 100.


[17] Ibíd., p. 116. CDH 1.25: 313


[18] Thomas Senor ha ofrecido una crítica al uso de oraciones reduplicativas del movimiento qua al señalar que se puede argumentar que, incluso si solo qua N que S es P, y qua N* que S tiene ambas naturalezas y P es unívoco, entonces S será sin embargo tanto P como ~P. Thomas V. Morris parece estar de acuerdo en que el movimiento qua es problemático en Thomas V. Morris, The Logic of God Incarnate (Ithaca: Cornell University Press, 1986), p.49. El espacio no permite una consideración detallada, sin embargo, esta objeción parece frágil al aceptar algunas variantes de los modelos compositivos de Encarnación tal como el de Brian Leftow donde propone la conjunción compositiva de GS (Dios Hijo) + B (Cuerpo humano) + S (alma racional) como objetos compuestos donde GS se encarna si y solo si las relaciones entre GS + B + S tan íntimas que pueden ser llevados por un ser humano. Para un desarrollo de su modelo compositivo, vea Brian Leftow, “A Timeless God Incarnate,” en The Incarnation, ed. Stephen Davis, Daniel Kendall, y Gerald O’Collins (Oxford: Oxford University Press, 2002), 273–299. Senor responde en Thomas Senor, “The Compositional Account of the Incarnation,” Faith and Philosophy 24 (2007): 52–71. Para una réplica, vea Leftow, Brian (2011) "Composition And Christology," Faith and Philosophy: Journal of the Society of Christian Philosophers: Vol. 28 : Iss. 3 , Article 5. Recuperado en: https://place.asburyseminary.edu/faithandphilosophy/vol28/iss3/5.


[19] Rogers, K. (2010). The Cambridge Companion to Christian Philosophical Theology. Cambridge University Press: Charles Taliaferro y Chad Meister, p.102-107.

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