• Jesid A. Díaz

Juegos de Guerra: Respuesta a Catolicismo Filosófico

Estoy encantado de escribir esta entrada. Esto es, en realidad, una especie de "guerra de páginas" a la que fui amable (y casualmente) invitado. Es especialmente encantador por el que será mi interlocutor: El administrador Alfonso de la página Catolicismo Filosófico. Alfonso es un buen amigo, nos llevamos bastante bien y ninguno de los dos pretende intimidar o derrotar al otro en esta interacción de algunos post. Esto casi podría verse como un "diálogo de exhibición" para los interesados en el debate del teísmo clásico.


Mi deber en esta entrada es criticar un breve post de facebook realizado por Alfonso donde intenta explicar a un Dios atemporal en la teoría A del tiempo. Este, claro, es un desafío formidable, y estoy feliz de ver la honestidad de Alfonso sobre este tema. En primer lugar, debería decirse que él no afirma la teoría A, como yo sí. Él es un teórico B del tiempo. Si adoptar la teoría B ayuda o no a la atemporalidad de Dios, es algo que discutiré brevemente al final de este artículo.


Una de las formas que Alfonso sugiere para entender la atemporalidad de Dios en una serie A del tiempo es, directamente, morder la bala y decir que "Dios conoce todo lo que ocurre" es literalmente falso. Esto puede resultar simplemente sorprende a primera vista. ¿En serio un teísta clásico quiere decir que Dios es ignorante sobre una parte de la realidad? Alfonso aclara que se refiere a negar que Dios conozca algo que está pasando en un momento determinado; por ejemplo, Dios no conoce que x esté haciendo A en t1, y que luego x hace Z en t3. O en términos más castizos: Literalmente, Dios no sabe que ahora estoy escribiendo esto, o que tú estás leyendo esto ahora.


Claramente, Alfonso prosigue explicando una forma en la que esto es inteligible. Explica que dado que Dios es el responsable de que se actualice todo lo posiblemente actualizable, entonces Dios puede conocer todas las cosas en un solo acto cognoscitivo. Posteriormente se enfrenta al desafío de explicar cómo Dios conoce algo que no ha sido actualizado aún (e incluso, presumiblemente, lo que ya dejó de ser actualizado), y lo hace señalando que tales eventos/actos sí están actualizados, pero no en nuestro "plano del ser". Aquí estoy de acuerdo con Alfonso en que simplemente no sé qué pueda significar la noción de "plano de ser" involucrada aquí, o ya puestos, cómo tales eventos propios de una serie A temporal pueden ser eternamente actualizados en el plano del ser de Dios. Esto obviamente amenaza con socavar todo su proyecto. Sobre el temporalismo, dice que podría cambiar algunos detalles para afirmar que Dios no hace que los momentos ocurran.


Pero dejando de lado los problemas más obvios, mencionaré algunas razones por las que las soluciones sugeridas son extremadamente insatisfactorias.


Primero, la afirmación de que Dios no conoce todas las cosas que ocurren implica no solo que Dios es cognitivamente deficiente, sino que Dios no es omnisciente. Hay una distinción, hecha por algunos filósofos, entre un ser meramente omnisciente y uno cognitivamente excelente; mientras que un ser omnisciente conoce todas las verdades proposicionales, uno cognitivamente excelente podría conocer más que proposicionalmente. Ahora bien, si la teoría A del tiempo es correcta, entonces hay proposiciones temporalmente tensas indexadas ciertas, por ejemplo, "ahora redacto mi informe". El tipo de proposiciones involucradas aquí son legión: "Ayer J bebió agua", "mañana J bailará jazz", "un año atrás Alfonso era un ser humano", "salí de clases hace una hora", etc. O Dios conoce este tipo de proposiciones, o no las conoce. Si no las conoce, entonces se pierde de muchísimo cognitivamente. De hecho, es difícil ver cómo sería un ser perfecto así; ignora millares de proposiciones verdaderas. Por supuesto, el cargo de la excelencia cognitiva es amable. En realidad, si Dios ignora este tipo de proposiciones, entonces simplemente no conoce todas las proposiciones ciertas. La razón es tan clara como el agua: Si hay proposiciones tensas verdaderas sobre lo que ocurre, y Dios no las conoce, entonces Dios no conoce todas las proposiciones verdaderas y por tanto no es omnisciente. ¿Alfonso llegará tan lejos por la atemporalidad, al punto de abandonar la Omnisciencia de Dios?


Una palabra de advertencia está en orden. La posición de Alfonso en el post fue ingeniosamente sutil. Por ejemplo, evita el lenguaje de causalidad al hablar en términos de responsabilidad de actualización. La mayoría de temporalistas, yo incluido, pensamos que la conexión causal de Dios con el mundo temporal implica que Dios es temporal; dado ese nexo causal, entonces Dios entró en una relación que antes no tenía, lo que implica sucesión: Ser el sustentador del universo. Pero al hablar en términos de "responsabilidad de actualización" parece evitar el sombrío escenario que le esperaba. No obstante, tal responsabilidad de actualización debe ser aclarada; si resulta ser solo un elegante sinónimo de causalidad, entonces los problemas reaparecen.



En este punto, el problema con la sugerencia central está clara. Implica un Dios cognitivamente inferior y no omnisciente. ¿Pero qué del conocimiento de Dios en "un solo acto"? Dejando de lado las técnicas complicaciones que conlleva este punto, sostengo que esto no ayuda en absoluto. Ya sea que Dios conozca en un solo acto o no, sea que conozca proposicional o no proposicionalmente (como sostiene el tomismo clásico), si Dios no conoce las proposiciones ciertas, entonces Dios se pierde de mucho. Es tan profundamente ignorante que no conoce ni siquiera qué hora es. La noción de "plano de ser" es, como se mencionó antes, profundamente desconcertante. Supongo que se refiere a algo parecido a un modo de existencia de las cosas, donde el modo de existencia de Dios contiene todas las posibilidades actualizadas en todos los tiempos como parte de su propia esencia; o al menos, esta ha sido una posición común en el teísmo clásico. Si esto, o una posición aproximadamente similar, es lo que Alfonso tiene en mente, entonces simplemente no creo que resuelva el problema contra el temporalismo. Puede justificar cómo Dios conoce el futuro y el paso en la serie A, pero tal conocimiento, en virtud de ser futuro y pasado, solo terminará reivindicando el tipo de conocimiento tenso que los temporalistas reclaman, por lo que Dios seguiría siendo temporal. Si lo que he dicho hasta aquí es cierto, entonces no es suficiente decir que Dios conozca en su plano del ser, en un solo acto, todas las verdades excepto las que ocurren, si es que no quiere estropear la omnisciencia de Dios.



Al inicio prometí una corta discusión sobre la teoría B. Creo que muy buenos argumentos para rechazarla, pero no perseguiré eso aquí. Si bien la teoría B, el eternalismo, puede ser un buen escape a la gran parte de la fuerza del caso temporalista, lo hace a un costoso precio. Una de las extravagancias metafísicas más notables de esta visión del tiempo es que todos los objetos perduran eternamente, tan eternamente como Dios. La bola de papel que arrojé, la gota de lluvia que me mojó cuando era niño, el llanto de los judíos fallecidos en la Segunda Guerra Mundial, los indecibles padecimientos del Señor Jesucristo, y la gloria de la reconciliación de la Segunda Venida; todo coexiste en el tiempo. Y además, todavía existirían en todas sus formas temporales. ¡Esto es extremadamente extravagante!


Además, apelar a la teoría B también socava el principal argumento de los atemporalistas. A saber, el Argumento de lo Incompleto de la Vida Temporal (AIVT). Un reclamo básico de este argumento es que la evanescencia y la brevedad de la vida temporal no es compatible con una vida perfecta como la de Dios. ¡Pero si el eternalismo es cierto, todos los eventos coexisten, por lo que realmente no hay evanescencia! Si bien esto puede verse como una concesión fácil (de todas formas, pensarán, si tenemos la teoría B no necesitamos el AIVT), el punto es dialéctico: Si rechazas el temporalismo por la teoría B, entonces bien puedes rechazar el principal apoyo racional para el atemporalismo, el AIVT.



Con esperanza,

J.

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