• Jesid A. Díaz

¿Es Dios necesario?

Importante para el cristianismo es la creencia de que Dios existe necesariamente. Esto puede ser expresado de diferentes formas. Tal vez podría decirse que esto significa que Dios no puede fallar en existir, o que su inexistencia es metafísicamente imposible. Hablando sobre la necesidad objetiva, se diría que es imposible que alguna vez Dios haya entrado o salga de la existencia. Usando un dispositivo heurístico, también se puede decir que Dios existe en todos los mundos posibles, donde “mundo posible” denota un estado máximo de la realidad que comprende cada proposición o su negación tal que,

M1: p & q & r & s…

M2: p &¬q & r &¬s…

M3: ¬p &¬q & r & s…

M4: p & q &¬r & s…

Ahora, los diversos conjuntos que comprende un mundo posible deben ser capaces de ser verdaderos tanto individualmente como en conjunto. El ejemplo usual para ilustrar esto es la observación de que una proposición como “el Primer Ministro es un número primo” es metafísicamente imposible porque no es posible que un objeto concreto como el Primer Ministro sea idéntico a un objeto abstracto como un número. Entonces ningún mundo posible contendrá esa proposición como uno de sus conjuntos. Igualmente, la proposición “Dios no existe” es metafísicamente absurda porque Dios es un Ser Necesario. Esto ayuda incluso a responder algunas versiones de argumentos probabilísticos contra el teísmo debido a que si es al menos probable que Dios exista, entonces el teísmo es cierto porque si el teísmo no es necesariamente falso entonces debe ser necesariamente cierto.

Obviando eso, sin embargo, ¿por qué pensar que Dios es necesario? Tal vez podríamos decir que Dios, como un ser Digno de Adoración, debe ser necesario porque un ser contingente podría no ser finalmente digno de adoración, o al menos no digno de nuestra adoración absoluta. Así que un cristiano puede sostener la necesidad de Dios por razones teológicas. Sin embargo, varios argumentos de la teología natural también parecen indicar la existencia de un Ser necesariamente existente. Considere, por ejemplo, el famoso argumento ontológico modal:

1) Es posible que un ser máximamente grande exista.

2) Si es posible que un ser máximamente grande exista, entonces un ser máximamente grande existe en algún mundo posible.

3) Si un ser máximamente grande existe en algún mundo posible, entonces existe en todos los mundos posibles.

4) Si un ser máximamente grande existe en todos los mundos posibles, entonces existe en el mundo real.

5) Por consiguiente, un ser máximamente grande existe en el mundo real.

6) Por consiguiente, un ser máximamente grande existe

Ahora, uno diría estar justificado al pensar que este argumento es sólido debido a que tenemos una garantía intuitiva para la premisa 1, y luego de eso el resto del argumento fluye necesariamente. Ahora, la idea de un Ser Máximamente Grande (SMG) implica un ser necesariamente existente, como reflejan las premisas (2-3). Esto es porque la existencia necesaria sería una propiedad que ejemplificaría un SMG en virtud de que la existencia necesaria es un máximo lógico intrínseca y objetivamente engrandecedor. Algo importante a tener en cuenta al analizar este argumento es la distinción entre posibilidad epistémica y posibilidad metafísica, donde la posibilidad epistémica se refiere a lo que es posible según lo que sabemos y la posibilidad metafísica a lo que es realmente posible en términos de capacidad de actualización. Así, por ejemplo, aunque la proposición “Dios no existe” parezca posible, eso solo será epistémicamente posible, no metafísicamente posible. De esta manera, el argumento ontológico modal nos lleva a un ser necesario.

Otro argumento que nos llevará a un ser necesario sería, quizá, el argumento de la contingencia al concluir que el fundamento de todas las cosas contingentes debe ser necesario. La versión tal vez más popular sería la producida por William Lane Craig, que inspirado por Stephen T. Davies formula:

1) Todo lo que existe tiene una explicación de su existencia, ya sea en la necesidad de su propia naturaleza o en una causa externa.

2) Si el universo tiene una explicación de su existencia, esa explicación es Dios.

3) El universo existe.

4) Por lo tanto, el universo tiene una explicación de su existencia. (de 1, 3)

5) Por lo tanto, la explicación de la existencia del universo es Dios. (de 2, 4)

Donde Dios tiene una explicación de su existencia en la necesidad de su propia naturaleza. Más especialmente, vea la formulación usada por los respetados filósofos Alexander Pruss y Joshua Rasmussen:

(1) Para cualquier cosa concreta contingente particular, hay una explicación del hecho de que esa cosa existe.

(2) Considerando todas las cosas concretas contingentes que existen, si hay una explicación del hecho de que esas cosas existen, entonces hay una cosa concreta necesaria.

(3) Por lo tanto, hay una cosa concreta necesaria.

Para los interesados en la formulación simbólica, el argumento sería:

(4) ∀ x s [(∀ y (y ∈ x s) → C (x)) → EE (x s)].

(5) ∃ x s [EE (x s) ∧ (∀ y (C (y) → y ∈ x s))] → ∃ yN (y) .

(6) ∴ ∃ yN (y).

Entendiendo el estado de las cosas contingentes reales existentes como el “Gran Estado Contingente” (GEC), la premisa 2 registra el pensamiento de que GEC no puede explicarse adecuadamente aparte de la actividad causal de una o más cosas no contingentes. Esta idea se basa en un principio general: no hay datos acerca de la existencia o actividades de las instancias de contingentes de F que pueden, por sí mismas, explicar por qué existen las cosas que son F. Por su lado, la premisa 1 es el principio explicativo del argumento, que parece prima facie correcto. Pero Pruss y Rasmussen ofrecen cuatro razones para creer que (1) es más plausible que su negación: (i) el principio es una generalización inductiva simple a partir de casos aparentes de explicación; (ii) el principio está justificado por una intuición a priori; (iii) el principio tiene sentido en el hecho de que no presenciamos constantemente arreglos masivamente ad hoc de cosas contingentes que existen, y (iv) el principio nos permite evitar un límite arbitrario e inexplicable entre lo explicado y lo inexplicado.


No me extenderé en la defensa de este argumento en esta publicación (pero probablemente sí en publicaciones futuras). Baste reconocer que estos argumentos justifican e indican la existencia de un Ser Necesario.

Satisfactoriamente, hay más argumentos que pueden solidificar el caso para un ser necesario. El argumento moral antiplatónico, por ejemplo, podría indicar que Dios es necesario porque los valores y deberes morales no son, en gran parte, contingentes. Además, algún argumento conceptualista como los sugeridos por Plantinga o Greg Welty también indicarían un ser necesario.

Así dicho, parece que podemos creer en la necesidad de Dios de forma intelectualmente cómoda.


Con esperanza,

J.

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