• Jesid A. Díaz

El Ocultamiento Divino en 10 Minutos (O menos)

En este ensayo, me propongo responder a uno de las principales objeciones a la existencia de Dios. Este ataque común ha sido enfrentado en diferentes fronteras filosóficas y teológicas, mientras que resulta como uno de los argumentos más usados en círculos profesionales. Este es, por supuesto, el argumento del Ocultamiento Divino.


En círculos teológicos puede ser usual encontrar la noción de “ocultamiento” conectado a la trascendencia de Dios. Este es el caso de, por ejemplo, Karl Bart, que en sus Church Dogmatics dice:


La ocultación de Dios no es el contenido de una última palabra de autoconocimiento humano; no es el objeto de una última actuación de la capacidad humana; es la primera palabra del conocimiento de Dios instituido por Dios mismo ... Cuando decimos que Dios está oculto, no estamos hablando de nosotros mismos, sino que, enseñados solo por la revelación de Dios, de Dios (1957: 183).

No obstante, esta no es la visión de Ocultamiento que defienden los filósofos ateos. Más bien, el argumento ateo procede en un sentido principalmente doxástico, en términos de tensión con el amor divino. Considere, por ejemplo, las palabras del filósofo Friedrich Nietzsche:


Un dios que todo lo sabe y todopoderoso y que ni siquiera se asegura de que sus criaturas entiendan sus intenciones, ¿podría ser un dios de la bondad? ¿Quién permite que persistan innumerables dudas y dudas durante miles de años, como si la salvación de la humanidad no se hubiera visto afectada por ellas, y quién, por otro lado, tiene consecuencias terribles si se comete un error en cuanto a la naturaleza de la verdad? ¿No sería un dios cruel si poseyera la verdad y pudiera ver a la humanidad atormentarse miserablemente sobre la verdad? . . . Todas las religiones exhiben rastros del hecho de que deben. (1982, 89-90).

Más recientemente, la literatura ha sido dominada por la versión del argumento ofrecida por el respetado filósofo ateo J. L. Schellenberg. En uno de sus libros insignes, Schellenberg (2015, p. 103) presenta su argumento así:


  • P1. Si existe un Dios perfectamente amoroso, existe un Dios que siempre está abierto a una relación personal con cualquier persona finita.

  • P2. Si existe un Dios que siempre está abierto a una relación personal con cualquier persona finita, entonces ninguna persona finita se encuentra sin resistencia en un estado de no creencia en relación con la proposición de que Dios existe.

  • P3. Si existe un Dios perfectamente amoroso, entonces ninguna persona finita está sin resistencia alguna en un estado de incredulidad en relación con la proposición de que Dios existe (de S1 y S2).

  • P4. Algunas personas finitas están o han estado sin resistencia en un estado de incredulidad en relación con la proposición de que Dios existe.

  • P5 No existe un Dios perfectamente amoroso (de S3 y S4).

  • P6. Si no existe un Dios que ama perfectamente, entonces Dios no existe.

  • P7. Dios no existe (de P5 y P6).

La idea de Ocultamiento involucrada aquí podría verse como sigue: Dios está oculto si y solo si hay ausencia de experiencia religiosa y evidencia inconclusiva de la existencia de Dios. Como es natural, han proliferado los diferentes tipos de respuesta a este desafío ateo. La respuesta actual que prefiero ante este problema es un enfoque combinatorio, es decir, que recupere diversos elementos de diferentes respuestas teístas que se cohesionen entre sí, ofreciendo apoyo mutuo.


En primer lugar, Peter Van Inwagen (2002) ayuda a distinguir entre el problema del mal y el problema del ocultamiento divino, señalando que si bien son similares en diferentes aspectos relevantes, ambos no son idénticos porque es posible imaginar escenarios donde surge uno pero no surge el otro. Por ejemplo, antes de la muerte de cada persona, Dios podía hacerse evidente a todos mediante una visión milagrosa; esto podría ser un hecho bien conocido sobre la experiencia humana y, como tal, haría que el problema del ocultamiento fuera discutible. Aún así, el problema del mal permanecería. Por otro lado, podemos imaginar una utopía secular en la que nadie sufre ni el más mínimo. Es difícil ver cómo podría surgir el problema del mal aquí, pero, entre tales personas, aún no sería clara la existencia de Dios, por lo que el problema de Ocultamiento permanecería vigente.


Esta distinción importante entre ambos argumentos ateos ayudará a la claridad conceptual, pero en sí, en solo la plataforma para la verdadera respuesta al Argumento de Ocultamiento. Michael Rea (2009) ha señalado una respuesta de tres partes al argumento: Primero, los casos de Ocultamiento Divino, como la ausencia de experiencias religiosas o la evidencia inconclusiva a favor del teísmo, se entienden mejor como silencio divino, que como ocultamiento. La razón que proporciona Rea es que Decir que algo está oculto implica que se ha ocultado deliberadamente o que se ha ocultado (deliberadamente o no) hasta tal punto que no se puede esperar razonablemente que aquellos de quienes está oculto lo encuentren, pero de la ausencia de experiencia religiosa y la evidencia inconclusiva no se puede concluir que Dios se ha ocultado deliberadamente. Por tanto, es mejor hablar en términos de silencio divino. Segundo, el silencio divino es compatible con el interés divino en la salvación, siempre que Dios ha provisto una manera para que las criaturas racionales lo encuentren y experimenten su presencia a pesar del silencio; este, claro, es una noción evidente, por lo que cualquier carga de prueba recae sobre el que lo niegue. Y tercero, Dios se ha autodivulgado en la narrativa bíblica y liturgia eclesiástica como casos de experiencias mediadas de la existencia de Dios. Lo notable de esta respuesta de tres partes de Rea es que permite ser teóricamente simple, en el sentido de que concede que hay tal cosa como ocultamiento: Hay ausencia de experiencia religiosa, y evidencia inconclusiva a favor de la existencia de Dios. Lo que demuestra Rea es que incluso si esto es cierto, aún no hay un problema exitoso para el teísmo.


Por otro lado, otra dolencia del argumento de Ocultamiento Divino consiste en la suposición de que no hay evidencia concluyente a favor de la existencia de Dios. Cuando el renombrado apologista William Lane Craig se ha enfrentado a este argumento, este ha sido su punto principal de respuesta (Craig, 2016). Esto dice Craig:


Ciertamente, Dios podría haber hecho su existencia mucho más evidente de lo que lo ha hecho. Pero la cuestión aquí, creo, va a depender en gran medida de su perspectiva sobre la teología natural. Si estás convencido de que Dios ha dejado pruebas adecuadas de su existencia -pruebas que son bastante convincentes para una persona de mente abierta e informada-, creo que eres apto para ser escéptico respecto a que debamos esperar ver muchas más pruebas de su existencia que las que tenemos. De hecho, cuando se lee a las personas que impulsan esta objeción basada en la ocultación de Dios, se encuentra inevitablemente que simplemente asumen que no hay buenos argumentos para la existencia de Dios. Así que no es de extrañar que piensen que Dios está oculto. No creen que ninguno de los argumentos de la teología natural sea bueno. Pero si, como he argumentado, tenemos buenos argumentos para la existencia de Dios, entonces Dios no está tan oculto después de todo, y no es tan evidente que si Dios existiera daría más pruebas de su existencia que las que ha dado.

A diferencia de la respuesta brindada por Rea, Craig arremete directamente contra una suposición del Ocultamiento Divino, a saber, que no hay evidencia satisfactoria de la existencia de Dios. Por supuesto, si los argumentos de la Teología Natural son exitosos, entonces simplemente no es cierto que Dios esté oculto.


Finalmente, Paul Moser (Moser, 2008). El trabajo de Moser trata principalmente con el Ocultamiento Divino en relación a que Dios está más interesado en una relación de amor, de transformación moral con nosotros, en lugar de que meramente agreguemos un objeto más a nuestro esquema de creencias. Así que ¿por qué Dios haría su existencia innegablemente real? No hay evidencia de que tal conducta por parte de Dios provoque que todos crean en Cristo, que es la principal preocupación de Dios. Por tanto, el argumento de Ocultamiento Divino es igualmente socavado al exigir principios inadecuados sobre lo que un Dios perfectamente amoroso haría para evitar la no creencia no irracional.



Al principio de este ensayo señalé que afirmo un enfoque combinatorio. Hasta el momento, llamé a cuatro académicos cristianos al estrado. Ahora corresponde unir los hilos de este enfoque combinatorio, para presentar una respuesta integral: Por un lado, la distinción de Van Inwagen ayuda a clarificar conceptualmente el problema que tenemos entre manos, lo que ciertamente direccionará el pensamiento que los cristianos deberían tener ante este argumento. Como no es un argumento del mal, cualquier respuesta al problema del mal no será de aplicación inmediata al problema del Ocultamiento Divino. Por otro lado, mi mención a Rea, Craig y Moser puede verse así: Como Rea, negaría inicialmente que, aún si el ateo tuviera razón de que hay evidencia inconclusiva de Dios y ausencia de experiencia religiosa, aún el Ocultamiento Divino no despega porque Dios se ha autodivulgado masivamente a través de la narrativa de las Escrituras y la liturgia cristiana. Pero, como Craig, diría que no tenemos que aceptar los principios que asumen los ateos. Particularmente, no debemos conceder que no hay evidencia satisfactoria de la existencia de Dios. Al ser la teología natural una empresa exitosa en demostrar la existencia de Dios, hay un doble sentido en que el ocultamiento divino falla. Y finalmente, como Moser, incluso si Rea y Craig fallan, aún el Ocultamiento Divino no es un argumento ateo exitoso porque asume principios dudosos, que un teísta cristiano puede fácilmente negar. Entonces, hay un tercer sentido en que el argumento de Ocultamiento Divino no es exitoso.



En resumen, he ofrecido tres formas independientes de resistir el argumento del Ocultamiento Divino. Si el ateo afirma que el ocultamiento divino es un argumento sólido, deberá refutar los tres sentidos que he mencionado en que el argumento es un fracaso. En ausencia de esto, la creencia teísta permanece racionalmente invicta.


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