• Jesid A. Díaz

¿Cómo puede Dios conocer el futuro?

Estamos en el 2020. Hace cinco años, en el 2015, seguía siendo cierto que hoy, el veintiséis de abril del 2020, estaría escribiendo esto y que sería publicado el veintisiete. Dentro de cinco años, en el 2025, seguirá siendo cierto que el veintiséis de abril del 2020 estaba escribiendo esto. Sin embargo, ¿cuál es el estado ontológico del futuro y del pasado? Y aún más, ¿cómo Dios puede conocer el futuro, dado el aparente extraño estado de las proposiciones temporalmente tensas?


Estas preguntas hacen parte del debate en filosofía del tiempo entre las Teorías A y B del tiempo. Básicamente, la teoría A sostiene que el devenir temporal es real y que el tiempo está tenso. Aquí las cosas realmente son pasadas, presentes o futuras, y el devenir temporal es real. Por otro lado, la teoría B del tiempo sostiene que todos los momentos en el tiempo son igualmente reales y no hay pasado, presente o futuro objetivo, solo los puntos de vista subjetivos de los observadores a lo largo de la línea del tiempo. El devenir sería una ilusión de la conciencia humana. Sin embargo, los eventos en el tiempo con ordenados por las relaciones objetivas de antes a, simultáneas con y posteriores a (Por ejemplo, los acontecimientos de la Primera Guerra Mundial son anteriores a los acontecimientos de la elección presidencial de Donald Trump). Por supuesto, esta es una caracterización meramente superficial dado que hay varias versiones matizadas de ambas teorías, cuestión que exploraré en publicaciones futuras.


Ahora, soy un adherente a la teoría A del tiempo, particularmente a la versión conocida como presentismo (la opinión de que solo el presente es ontológicamente privilegiado; el futuro aún no es, y el pasado ya dejó de ser). Teniendo en cuenta la teoría A del tiempo, el teólogo John Sanders lanzó una versión de la Grounding Objection ("Objeción de Base", o "Puesta a Tierra"), que es un argumento clásico contra el molinismo, contra el modelo de Simple Presciencia defendido hábilmente por los eminentes filósofos David P. Hunt y Kevin Timpe [1]. Para dar una definición, la Presciencia Simple debe entenderse como la opinión de que la presciencia de Dios es exhaustiva (Dios conoce todo el futuro, y el futuro no tiene lagunas de verdad-valor), e infalible. Esta es, simplemente, la versión tradicional (con antecedentes en Agustín de Hipona) de entender la presciencia de Dios. En la versión que prefiero, este conocimiento viene lógicamente después del decreto creativo de Dios.


La objeción parece ir básicamente así: ¿Cuál es la base del conocimiento de Dios de las proposiciones verdaderas del futuro? Esta objeción parece tener mucha fuerza dada la aceptación de una teoría A del tiempo, ya que aquí el futuro es simple potencialidad, y no existe ontológicamente igual que el presente. Entonces, ¿cómo puede Dios conocer las proposiciones del futuro, si simplemente no hay nada que conocer? Tal como yo lo veo, hay tres posibles movimientos a realizar aquí: Adoptar una teoría B del tiempo, o ser realista sobre la existencia platónica de las proposiciones, y sugerir que necesariamente existen. O, en tercer lugar, adoptar una visión atemporal de la relación de Dios con el tiempo donde Dios no tenga un conocimiento previo literal (dado que todos los momentos son igualmente simultáneos para Él). Sin embargo, me inclino más por la teoría A del tiempo (como afirmé antes), por el nominalismo sobre los objetos abstractos y por la visión de un Dios temporal con la creación. En realidad, esta objeción me perturbó en su momento, justamente por la fuerza que parecía tener dada mi aceptación del presentismo, el nominalismo y el temporalismo. ¿Qué podía hacer?

Bueno, la solución estaba más cerca de lo que pensaba. Tanto la lógica como el sentido común parecen apoyar la idea de que aún hay verdades sobre el futuro para conocer, a pesar de que no seamos realistas metafísicos, teóricos B o atemporalistas. Considere,


(P) O visitaré a mi hermano mañana, o no visitaré a mi hermano mañana.


Una de estas declaraciones debe ser cierta, dada la "ley del medio excluido" en lógica. Lo que sea cierto, entonces ya es una verdad sobre el futuro. Y si es una verdad sobre el futuro, entonces Dios puede conocerlo de antemano.


El sentido común también apoya esto. Hunt da el siguiente ejemplo:

1. Esta moneda caerá cara al siguiente lanzamiento.


2. Mi esposa votará por el candidato x en las elecciones de mañana.

3. Los Estados Unidos elegirán a su primera presidenta en 2016.

Para las proposiciones anteriores, de nuevo, hay dos opciones: O bien son el caso, o bien no son el caso. Si yo apuesto porque la moneda caerá cara en el siguiente lanzamiento, y cae cruz, entonces me equivoqué. Y si cae cara, entonces acerté. El sentido común también parece apoyar la intuición de que aún hay verdades futuras. De nuevo, si hay verdades futuras, Dios puede conocerlas.


Ahora, ¿es el presentismo compatible con las verdades del futuro? Bueno, debería serlo. Una buena teoría debería poder explicar adecuadamente los datos, y las verdades sobre el futuro deberían ser algo que una buena teoría del tiempo pudiese explicar. Un gran problema para el presentismo clásicamente ha sido las verdades sobre el pasado, de las que alguien podría decir, como se dice sobre el futuro, que "no hay nada que saber" (ya que el pasado ya no existe). Los presentistas tienen que encontrar alguna forma de explicar las verdades sobre el pasado, o el presentismo está muerto. Dean Zimmerman lo hace invocando brute backward-looking facts sobre regiones del espacio. Por ejemplo, "Esta región del espacio tiene la propiedad de haber sido ocupada por un dinosaurio hace 100 millones de años". Pero si esa propiedad permite verdades sobre el pasado en el presentismo, puedo hacer lo mismo con el futuro: Lo que hizo que ayer fuera cierto que hoy estaría escribiendo este artículo es que una cierta región del espacio tenía entonces la propiedad bruta (inexplicable) de ser ocupada en el futuro por mí escribiendo el artículo [2].

En resumen, Dios puede conocer verdades sobre el futuro porque hay verdades para conocer. Y Dios, siendo perfecto, conocerá todas la verdades que haya para conocer [3].


Con esperanza,

J.

Referencias:

[1] Esta objeción puede encontrarla en la respuesta de Sanders a Roger E. Olson en Ware, Bruce A., et al. Perspectives on the Doctrine of God: 4 Views. Vol. 5. B&H Publishing Group, 2008. Para algún desarrollo de este modelo, puede ver Hunt, David P. "On augustine’s way out."Faith and Philosophy 16.1 (1999): 3-26; y el magnífico ensayo de Hunt en Boyd, G. A., Hunt, D., Craig, W. L., & Helm, P. (2009). Divine foreknowledge: Four views. InterVarsity Press.

[2] Agradezco a David P. Hunt por sus amables observaciones sobre esto en correspondencia personal.

[3] Aquí solo exploré esta vía particular para escapar de la objeción de Sanders mientras se construye un camino para establecer cómo Dios podría conocer el futuro en el presentismo y el nominalismo. Sin embargo, hay otras. Una alternativa clásica es objetar la dudosa suposición detrás de la objeción, conocida como la teoría maximalista del Truthmaker (Hacedor de verdad). Muchos filósofos creen que este principio es falso, por ejemplo, porque es absurda al considerar las proposiciones existenciales negativas. La proposición "Zaratras no existe" debería tener algo extraño como una entidad que se corresponda con la no-existencia de Zaratras. Otra forma sería decir que las verdades se correspondan con objetos concretos, pero también es una sugerencia demostrablemente falsa. La afirmación, por ejemplo, de "no hay objetos concretos" seguiría siendo cierta aunque no hubiese objetos concretos (¡justamente porque la verdad de la proposición depende de que no existan objetos concretos!).

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